La sociedad actual y la de la Grecia antigua tienen los mismos problemas
Los griegos de hace más de dos mil cuatrocientos años y los humanos pobladores del mundo actual no somos tan distintos en cuanto a mentalidad se refiere.
Ya en el siglo V a.C se hablaba del término daimon (δαίμων) que en la filosofía de Sócrates se refiere a una especie de voz interior o guía espiritual que le advertía sobre lo que no debía hacer, pero nunca le decía qué hacer. No era un dios, sino una fuerza interna que actuaba como una conciencia moral o una intuición divina. Sócrates afirmaba que este daimon le hablaba en momentos clave de su vida, impidiéndole cometer errores o actuar en contra de su ética. Algo que hoy podríamos relacionar con la conciencia o la moral personal.
Podemos pensar, ¿bueno y eso a nosotros en que nos afecta?, son creencias filosóficas/mitológicas de hace siglos. Bien, pues para entender cómo podemos relacionar los problemas de la Grecia antigua con los de la actualidad, de manera muy acertada, he de decir, deberemos entender que ocasionó el daimon de Sócrates y en que contexto. Lo primero que debemos observar es lo importante que es en el ser humano escuchar al daimon o conciencia que cada uno, como individuo llevamos dentro. Sin dicha conciencia, es decir, si silenciáramos a nuestro daimon (como mucha gente hace) obtendríamos una mente completamente moldeable, sin capacidad de tomar decisiones propias y muy atrayente para otros que quisieran moldearla para su beneficio. Aludiendo al ensayo “El despertar de Prometeo: cuando el conocimiento se convierte en un crimen”, ya publicado por mí anteriormente; silenciar nuestro daimon sería como meterse de lleno en el incendio de llamas falsas cubierto de un combustible que las avive.
Sócrates intentó durante una buena parte de su vida enseñar a los jóvenes griegos a escuchar esta voz interna, los atenienses temían que, este estuviera llevando a la sociedad por un camino peligroso, uno que no se alineaba con las leyes divinas ni con el orden establecido, lo que lo convirtió en un peligro para muchos y acabó llevándolo ante un tribunal de acusaciones injustas que terminó con sentencia de muerte. Aun hasta el final, Sócrates sostuvo que no hacer caso al daimon era la peor de las decisiones, ya que tus opiniones no serán tuyas sino de otros, te convertirá en un ignorante y te llevará a la pérdida total de libertad y felicidad, ya que la verdadera libertad y la verdadera felicidad solo te la otorga el poder de tomar tus propias decisiones.
A pesar de los más de 2.400 años que nos separan de la Atenas de Sócrates, la reacción de la sociedad ante las ideas disruptivas y el pensamiento independiente sigue siendo sorprendentemente similar. Aunque vivimos en una época que se considera más abierta y tolerante, los mecanismos de censura y rechazo a quienes desafían las normas persisten, aunque con formas distintas.
El daimon de Sócrates funcionaba como una especie de brújula moral, una voz que lo guiaba en su vida y que lo impulsaba a actuar de manera ética, incluso cuando esto iba en contra de las normas establecidas. En la actualidad, podríamos equiparar este concepto con la conciencia individual, la intuición o incluso la creatividad disruptiva. Muchas personas sienten una "llamada" interna a seguir un camino diferente, ya sea en el arte, la ciencia, la filosofía o incluso en la lucha por los derechos humanos. Sin embargo, al igual que en la Atenas de Sócrates, estas voces internas suelen chocar con los intereses de los poderosos. Quienes piensan de manera distinta y desafían el statu quo pueden ser marginados, desacreditados o incluso perseguidos. Aunque hoy no existe un tribunal que condene a muerte a los pensadores incómodos, sí existen otras formas de silenciamiento: la cultura de la cancelación, la manipulación mediática, la persecución política e incluso el aislamiento social.
En la antigua Atenas, Sócrates fue llevado a juicio por "corromper a la juventud" y "no creer en los dioses de la ciudad". Aunque estas acusaciones pueden parecernos absurdas hoy en día, en su momento reflejaban el miedo de la sociedad ante alguien que desafiaba las normas establecidas. Hoy, la censura y el juicio social han adoptado nuevas formas. Ya no se necesita un tribunal físico para condenar a alguien; las redes sociales y los medios de comunicación han creado mecanismos de sanción que pueden destruir la reputación de una persona en cuestión de horas. La "opinión pública" se ha convertido en una nueva versión del tribunal ateniense, donde la sociedad juzga y castiga a quienes considera peligrosos o incómodos.
Uno de los aspectos más inquietantes de esta comparación es que la sociedad actual, a pesar de su aparente modernidad y apertura, sigue reaccionando con hostilidad ante el pensamiento crítico e independiente. En lugar de permitir que las ideas nuevas y disruptivas florezcan, muchas veces intentamos silenciarlas o marginarlas.
Sin embargo, el legado de Sócrates nos recuerda que el progreso y la verdad no surgen de la conformidad, sino del cuestionamiento. Aquellos que se atreven a seguir su propio daimon, su propia voz interna, son los que realmente generan cambio en el mundo. La pregunta que debemos hacernos es: ¿somos realmente más abiertos que los atenienses del siglo V a.C., o simplemente hemos cambiado la forma en la que ejercemos el juicio y la censura?
Por Yael Herrera.
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